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La utilización del cine como instrumento pedagógico para la formación ética en el ámbito de la escuela plantea ciertas exigencias:
1. Elegir la película en función de los objetivos formativos que pretendemos alcanzar No se debe jamás improvisar y proyectar una película, por buena que sea, que acaba de caer en nuestras manos. Todo debe estar minuciosamente pensado y programado.
En la elección de la película hay que tener muy en cuenta las características del grupo concreto con el que vamos a trabajar: edad, formación, circunstancias especiales...
El guión cinematográfico no sólo debe responder al objetivo marcado en la programación de la tutoría, sino que es imprescindible que el tema afecte a los intereses vitales de los alumnos, para que empaticen (del griego sympathein, ‘tener los mismos sentimientos que’, ‘padecer con’) con los personajes y se identifiquen con el conflicto humano que allí aparece. De este modo podrán ponerlo en relación consigo mismos, es decir, sabrán extraer una lección para su propia vida.
2. Dar “claves de comprensión”. Antes de ver la película, hay que proporcionarles las orientaciones necesarias para que sean capaces de llevar a cabo una lectura profunda de la historia que van a analizar. Esas “claves de interpretación” no se deben dar como una lección que se explica, sino que hay que propiciar que ellos mismos las descubran en su propia experiencia.
Por ejemplo, si nuestro objetivo es que los alumnos se esfuercen en establecer relaciones humanas generosas y respetuosas, podríamos elegir películas como Shrek, La edad de hielo, Spider–man, Harry Potter y la piedra filosofal, Mi gran boda griega... Previamente, hemos de trabajar con los alumnos los modos y niveles de realidad
Se establece un diálogo con el grupo para que ellos mismos lleguen a descubrir las cuestiones siguientes:
- El modo de realidad, por ejemplo, de una silla: es un “objeto” útil, práctico, cómodo... y cuando pierde dichas cualidades, es desechado. Este tipo de realidades y la actitud de dominio del hombre respecto a las mismas constituye el nivel 1 de realidad y de conducta, nivel elemental, el propio de lo útil, lo manejable y poseíble.
- El modo de realidad de una persona: en un cierto sentido, la persona tiene una dimensión de “objeto”, pero es mucho más, es un “ámbito de realidad”, es el nudo de confluencia de otros tantos ámbitos (familia, amigos, religiosidad, estudios, deportes, aficiones...). Tiene capacidad de iniciativa: la llamo y le ofrezco mi amistad y me responde, la necesito y acude... Podemos crear una relación de encuentro. La persona es un “ámbito” y, por tanto, se mueve en un nivel de realidad valioso (nivel 2), que es el nivel del encuentro y la creatividad.
- Si “ambitalizamos” las realidades (es decir, si les otorgamos el respeto debido y las elevamos de nivel), somos creativos y enriquecemos nuestra vida, porque nuestro entorno adquiere más valor para nosotros.
- Si “ambitalizamos” las realidades (es decir, si les otorgamos el respeto debido y las elevamos de nivel), somos creativos y enriquecemos nuestra vida, porque nuestro entorno adquiere más valor para nosotros.
- Si tratamos los “ámbitos” como si fueran “objetos”, practicamos el reduccionismo, que es de una gran crueldad (por ejemplo, tratar a una persona –que es un ámbito muy valioso– como si fuera un mero objeto, propio del nivel 1), y con ello, nos empobrecemos nosotros mismos.
Con estos datos, los alumnos ya están en condiciones de profundizar en el tema de la película que hemos elegido para trabajar con ellos.
3. Trabajo en grupos con un cuestionario. El profesor prepara previamente las preguntas para discutir en los grupos y en el diálogo general. De este modo evitamos caer en las meras impresiones, pues de lo que se trata no es de interpretar el argumento de la historia sino su contenido humano, y analizarlo en conexión con las situaciones, preocupaciones, inquietudes e intereses de los alumnos.
Antes de ver la película, el profesor les da las preguntas sobre las que trabajarán después en los grupos. Así, les ayudamos a centrar la atención en el tema de la historia.
4. Diálogo general. A partir de la experiencia concreta de la película, se reflexiona sobre el ser del hombre y el sentido de la vida. Posteriormente se aplica dicho análisis a la propia realidad de los alumnos, a las leyes que rigen su desarrollo personal.
El profesor actúa como discreto moderador. Anima el diálogo en un clima de sinceridad, libertad y confianza para expresar las propias opiniones, así como de interés y esfuerzo por avanzar entre todos y conseguir el carácter acumulativo que debe tener una buena discusión.
Ha de evitar las preguntas que, aunque piden una opinión, no orientan hacia una discusión reflexiva. Por ejemplo, si se pregunta a un niño qué piensa del hecho de que Pinocho, en la deliciosa película de Walt Disney, escucha las voces de sus tentadores y deja de ir a la escuela, sin duda su respuesta será sencilla y superficial, y dejará poco espacio para la discusión. Muchos compañeros estarán de acuerdo con él y otros opinarán algo distinto, pero lo más probable es que se queden en lo meramente anecdótico.
La primera pregunta debe ya orientar su mente hacia la reflexión (“¿Por qué Pinocho escucha a Juan y Gedeón?”). El alumno da una respuesta, y sobre ella iniciamos un comentario, a fin de elevarnos progresivamente a un análisis cada vez más preciso de la cuestión investigada. De este modo, conseguimos que el grupo logre descubrir el fondo del tema que analizamos: es fácil caer en el engaño de un manipulador porque halaga nuestros instintos, sacia nuestras apetencias y no habla jamás a nuestra inteligencia.
Los alumnos ya han descubierto cómo actúa un manipulador. El diálogo continúa, ahora para descubrir las distintas formas de manipulación que sufren ellos mismos, y aprender, de este modo, a estar alerta, ser celosos de su libertad y no dejarse manejar.
La idea básica de la metodología consiste en que el tutor no inculca los conocimientos a los alumnos, sino que son ellos mismos quienes los descubren a partir de la reflexión y al análisis de las experiencias humanas contenidas en las películas.
5. Evaluación de la actividad. No es tarea fácil, como sabemos, evaluar un área cuyos objetivos son principalmente de carácter formativo. No obstante, el profesor debe hacer un seguimiento del progreso de cada alumno, del grupo en general y de las actividades mismas que se van realizando.
El gran escritor francés del siglo XIX Víctor Hugo nos hizo esta grave advertencia: “No olviden esto: No existen malas hierbas ni malos hombres; únicamente hay malos cultivadores”. Los niños de hoy son los hombres del tercer milenio, en un mundo en constante y rapidísima transformación, que casi escapa a nuestra capacidad de predicción. La única solución es formarlos bien. Éste es el reto; ésta es nuestra responsabilidad.
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