jueves, 4 de junio de 2009


PROPUESTA PARA EL APRENDIZAJE


Como cualquier medio de aprendizaje, la TV resulta más eficaz cuando se utiliza en un contexto apropiado de actividades de aprendizaje y se aplica sobre la misma estrategia específica de utilización.
La clase con TV debe dividirse en cuatro momentos estrechamente relacionados:
- Análisis y explicación por parte del profesor
- Teledifusión
- Evaluación-explotación del programa
- Actividades de extensión
1- Análisis y explicación por parte del profesor:
- Con la lectura, si existen, de los documentos impresos enviados por la productora. Seleccionando o diseñando aquellas actividades y ejercicios que posterior a la emisión del programa realizarán los estudiantes.
- Antes de comenzar la emisión es aconsejable que el profesor recuerde a los alumnos los contenidos del programa anterior, y las conclusiones más relevantes a las que se llegaron, para facilitar la asociación de los nuevos contenidos con los ya recibidos y reforzar el carácter significativo del aprendizaje, vinculando la nueva información con los conocimientos, experiencias o valores previos del alumno.
-El profesor debe advertir a los alumnos que el propósito de la observación del programa es enseñar y no divertir, y que por lo tanto deberán prestar la máxima atención posible. Se comentarán los términos nuevos que aparezcan, o aquellos que bien siendo conocidos tengan en el programa una interpretación diferente. También debe indicar los ejercicios que posteriormente realizarán.
-Si el profesor ha podido observar antes el programa, es importante que dedique unos instantes a describirles las partes en las que se encuentra estructurado, y las que él entiende que son las más significativas y que por lo tanto deben prestarle la máxima atención.
La presentación persigue crear un clima propio para que la recepción cognitiva-afectiva el programa sea de la forma más positiva posible. Sin embargo, en ella debemos evitar caer en diversos graves errores, como son:
- Crear falsas expectativas respecto al programa
- Enseñarlo en la introducción.
- Que su duración sea superior a la del programa.
2-La teledifusión.
Es importante que el profesor de ejemplo con la observación atenta del programa y la toma de notas para aclaraciones y guía de las discusiones futuras que se desarrollen.
Durante la emisión es aconsejable que el profesor observe las reacciones e intereses de los alumnos, lo que sin duda le aportará algunas pistas sobre el interés general despertado por el programa en los estudiantes, y las partes del mismo que parecían no ser comprendidas.
El volumen, tono, contraste y brillo deben ser los adecuados, características técnicas que deben ser resueltas antes del comienzo de la emisión, para evitar molestias y desatenciones en los alumnos.
3-La evaluación-explotación del programa.
Debe comenzar con la formulación de preguntas generales por el profesor, para conocer cómo ha sido percibida la emisión y las dificultades generales y particulares que han encontrado.
A la formulación de las preguntas el profesor debe de prestarle la máxima atención para que no se reduzcan a lo que el estudiante tiene del programa, sino que alcancen otros aspectos, como la interpretación, la aplicación, el análisis y la síntesis de los contenidos presentados
Las estrategias a utilizar por el profesor para analizar la comprensión de los mensajes por los alumnos son diversas, por ejemplo:
- Cuestionarios verbales.
- Reproducción libre verbal o por escrito a los alumnos.
- Reconocimiento de fotos.
- Clasificación de imágenes según el orden de aparición en el programa.
- Identificación-denominación de fotos.
- Gráficas e imágenes del programa.
La fase de la evaluación-explotación no debe alcanzar exclusivamente al alumno y a la información que ha sido capaz de retener, sino que también debe adentrarse en el propio medio, como por ejemplo:
- Calidad y adecuación de los contenidos comentados.
- Estructura del programa.
- Calidad de la imagen
- Vocabulario.
- Sincronización imagen-sonido.
- Tiempo.
4-Actividades de extensión.
Para que el aprendizaje del alumno sea significativo debemos procurar que los contenidos aprendidos en el programa se extiendan a otros contenidos y facetas de la vida del alumno. Estas actividades se realizarán en las demás áreas o asignaturas que el alumno esté cursando en el momento del programa.

Utilización didáctica de la TV escolar


A la hora de utilizar la TV en contextos escolares, inicialmente tenemos que contar con la percepción de facilidad que tienen los estudiantes sobre el medio, percepción que posiblemente lleve a los alumnos a movilizar menos destrezas cognitivas para el procesamiento de la información y en consecuencia obtener menores resultados de aprendizaje.
- Los alumnos muestran una alta autoeficacia para aprender por medio de la TV.
- El medio que analizamos se presenta como que requiere demandas cognitivas inferiores con relación al material impreso para capturar la información.
- La percepción de facilidad/dificultad que se tiene del medio no depende exclusivamente del mismo, sino también de la percepción de los contenidos que transmite.
- El nivel de estudio influye en la percepción de facilidad/dificultad que tienen de la dificultad, de manera que conforme aumenta el nivel de estudio suele aumentar la percepción de facilidad para aprender por ella.
- El tipo de centro se relaciona con la percepción de facilidad/dificultad.
- Y los alumnos de centros privados muestran percepciones más fáciles para aprender por la misma.
Diferentes estudios subrayan que en determinadas ocasiones el profesor, cognitiva y afectivamente, tiende a abandonar la clase y ponerla en manos del programa televisivo, consiguiendo de esta forma que los alumnos pierdan su atención respecto al programa.
Una de las estrategias claves para modificar estas percepciones iniciales de facilidad de aprendizaje con la TV que tenemos, radica en la metodología didáctica que apliquemos sobre el medio. De ahí, que el papel que el profesor desempeñe con la TV es una pieza clave para asegurar la inserción en la programación de la emisión, de él va a depender la creación de un clima afectivo que facilite la atención y comprensión de lo que es observado.
En líneas generales podríamos decir, que el éxito de una serie de TV depende en su mayor parte de la sensibilidad, imaginación, creencias e interpretación del medio que pueda tener el profesor. Algunos de los fallos cometidos en la utilización de los programas televisivos educativos, suelen atribuirse más al hecho de que no está integrado en el currículum, que a las características técnicas y conceptuales del programa.


SITUACIÓN ACTUAL DE LA TV EN LA ESCUELA


Los profesores de Primaria son más positivos y, en su mayoría, afirman el uso positivo de ésta. En Secundaria son más reacios al medio; unos afirman que sí, otros que no y otros que en ocasiones puntuales. En lo que si hay unanimidad es en el excesivo consumo de TV por parte de los niños y las consecuencias negativas que esto conlleva, aunque todo depende de la programación que se vea. Esto conlleva a fomentar generalmente actitudes y valores poco positivos.
Algunos de los aspectos positivos por los que se han decantado los profesores tanto de Primaria como de Secundaria son: información, ocio, conocimientos generales, ventana abierta al mundo, como medio didáctico, programas culturales, documentales, llega a un público mayoritario, conocimiento de nuevas tecnologías.
Los aspectos negativos han sido: violencia, sexo, visión del mundo egoísta, difusión de valores negativos, de hábitos, de costumbres y modas, el poder, la ética, publicidad engañosa, excesivo abuso, evita pensar e imaginar cosas, los "Reality Shows". Como podemos observar "pesa" más lo negativo que lo positivo.
Las opiniones más generalizadas sobre la TV educativa han sido: poca y horarios inadecuados, nefasta, nula, pobre y sin variedad.

Uso crítico de la TV. Ventajas e Inconvenientes
Una parte fundamental de los contenidos transmitidos a través de los medios de comunicación social la constituye la publicidad. Por ello, dentro de un uso crítico de los medios por parte de los niños, es fundamental que aprendan, primero a distinguir la publicidad del resto de contenidos, y segundo, a distinguir los mecanismos que utiliza.
La mayoría de los programas infantiles adolecen de riqueza en sus códigos y guiones. El lenguaje utilizado es extremadamente sencillo, las situaciones presentadas reproducen los esquemas dominantes de competitividad, son un mero "envase" de concursos y series violentas.
Podemos resumir los aspectos negativos de la TV para el alumno de primaria en que:
- Homogeneiza la realidad.
- Transmite valores competitivos y violentos.
- No deja tiempo para otras actividades.
- Crea dependencia
- Fomenta la incomunicación dentro de la familia.
- Por su carácter de simultaneidad no llega a respetar las
características y necesidades de los alumnos.
- Suele existir poca interacción entre el profesor de los programas y
los alumnos.
- Las preconcepciones que se suelen tener de este medio facilitan
que el alumno pueda caer en la pasividad.
En cuanto a los valores positivos podemos considerar:
- Su capacidad para el entretenimiento.
- No requiere un esfuerzo para su comprensión.
- Transmite conocimientos.
- Acerca a otras realidades.
- Es un medio perfecto para la transmisión de valores, como pueden
ser el respeto por la naturaleza, la solidaridad con otros pueblos, la pluralidad...
- Lleve la instrucción y la educación a lugares apartados o con
carencia de profesores especializados
- Presenta experimentos en aquellos centros con carencia de
laboratorios.
- Facilita la introducción en el aula de profesores y personas
especializadas en temas concretos.
- Evita desplazamiento de los alumnos a los centros de información y formación.
- Ayuda al perfeccionamiento del profesorado, ya que el profesor del aula puede observar a otros modelos teóricamente expertos, en la ejecución de la enseñanza.
La sociedad actual no puede prescindir del uso de la TV. Hay que buscar un uso crítico que posibilite el desarrollo de las potencialidades positivas. Un consumidor de TV crítico provocará un aumento del nivel de la oferta televisiva, ya que ésta tendrá que adaptarse a sus gustos y así obtener su atención.

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Evolución histórica de los medios de comunicación
El primer gran medio de comunicación fue la palabra impresa. El hombre ya había utilizado con anterioridad el gesto, el sonido y la palabra hablada y manuscrita, cuya importancia no debe ser menospreciada. Pero ninguno de estos reunía las características del nuevo medio, que son algunas de las que poseen los que hoy llamamos "medios de comunicación de masas": posibilidad para la reproducción del original con fidelidad y con rapidez, así como para la conservación de la imagen.
La incipiente revolución industrial del siglo XVIII sentaría las bases para la consolidación del periodismo impreso como fenómeno social. La prensa cumpliría una función de integración de los individuos en una sociedad cada vez más dinámica.
A partir de aquí la prensa pasa por diferentes fases, comenzando por ser prensa eminentemente política y terminando en lo que es actualmente.
En este siglo, siglo XX, la radio acabaría con la gran barrera de la comunicación de masas: la alfabetización. Los poderes públicos comprendieron enseguida el poder propagandístico de este medio que fue utilizado con gran profusión durante la Guerra Civil Española y durante la II Guerra Mundial.
La televisión vino, en parte, a sustituir a la radio y a convertirse en el medio de comunicación de masas por antonomasia. Podemos decir que la televisión (TV) empezó en 1843 cuando Alexander Bain forma una imagen capaz de descomponerse en multitud de puntos. Para reproducir las fotografías se imprimen en planchas metálicas sobre el papel y las imágenes se descomponen en diminutos puntos.
La TV tardaría muchos años en llegar a formar imágenes con tanta velocidad, que entre el primer punto luminoso y el último no veamos la diferencia y podamos apreciar la imagen entera en la pantalla, ya formada. Su rapidez es tal que, imaginaríamos una máquina de escribir que trabajase a tal velocidad que al empezar por la primera letra de la página viéramos ya todo el texto escrito. Además de componer la imagen en la pantalla, la TV debe dar la impresión de que la imagen tiene movimiento y debe repetir hasta 25 veces la misma imagen cada segundo, sólo así veremos cómo se mueve.
En Europa la evolución de la TV educativa comenzó cuando la British Broadcasting Company (BBC) y la Radiodifusión Televisión Française (RTF) presentaron programas para enriquecer la enseñanza en las escuelas a comienzos de la década de los 50. En 1958 Italia introdujo la instrucción televisiva directa mediante su escuela televisiva del aire.
Aunque la TV educativa se ha desarrollado en todo el mundo, la experiencia de Estados Unidos proporciona la mejor ilustración de este proceso. Desde mayo de 1953 hasta mayo de 1967, la TV educativa de Estados Unidos se extendió desde el funcionamiento de una sola estación hasta un complejo de más de 140 estaciones.
Se estima que alrededor de 15 millones que reciben educación elemental, secundaria y superior en más de 2000 escuelas adquieren hoy instrucción parcial o total mediante la TV.
Las inmensas posibilidades de la TV a través de los satélites, pasando por la TV selectiva por cable y las innumerables opciones de conexión con bancos de datos y de imágenes hacen que "el conocimiento acerque a los pueblos". Incluso la dificultad del idioma ha sido orillada con varios circuitos de sonido, con versiones en distintas lenguas, para un mismo programa.



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El desarrollo de los medios de comunicación se ha producido en paralelo al de las sociedades democráticas. La existencia del hombre en sociedad implica la necesidad de unos canales de transmisión de información en dos direcciones: horizontal, entre los distintos componentes de la sociedad, y vertical, entre los mismos individuos y las instancias de toma de decisiones político-administrativas.
A medida que el desarrollo de la Humanidad crea estructuras cada vez más complejas, la propia sociedad crea medios también más complejos para satisfacer las necesidades de comunicación.
A lo largo de este proceso se han dado numerosos casos de un uso desviado de estos canales de transmisión por parte de individuos o colectivos. En la sociedad actual, la más compleja y avanzada que ha desarrollado el hombre, estos "usos perversos" siguen produciéndose, quizá en mayor medida que nunca, y, sobre todo, de una manera más sutil. Pero los medios de comunicación no son, por naturaleza, ni buenos ni malos; depende quién y cómo se utilicen.
Por eso se hace necesaria una buena formación de valores, actitudes y hábitos de convivencia en los alumnos desde la infancia, para que aprendan a acercarse a los medios de comunicación de un modo crítico, aprovechando de ellos lo mucho que tienen de positivo.
Antes de empezar con el desarrollo de este programa debemos tener claro las siguientes definiciones:
Televisión cultural: es la más genérica y se marca como objetivos prioritarios de comunicación y entretenimiento, encontrándose el planteamiento educativo inmerso dentro del propio programa no requiriendo por tanto de materiales complementarios. Este tipo de programas transfiere las formas de diseño de la televisión comercial, siendo una de sus representaciones clásicas el reportaje.
Televisión educativa: contempla contenidos que tienen algún tipo de interés formativo o educativo, pero que por algún motivo no forman parte de sistema escolar formal. Los programas pueden agruparse en torno a series con una programación continua, didáctica y teorías del aprendizaje.
Televisión escolar: persigue la función básica de suplantar el sistema escolar formal, marcándose como objetivos los mismos que el sistema educativo general, desde niveles de primaria hasta cursos de actualización universitarios. Como es lógico imaginarse los principios de diseño son adquiridos desde la didáctica y las teorías de aprendizaje.
De los tres tipos de televisión citados, la única que tiene claramente definido sus receptores y usuarios, es el escolar, con lo que ello implica para el control, matrícula, seguimiento y evaluación del alumnado.






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La utilización del cine como instrumento pedagógico para la formación ética en el ámbito de la escuela plantea ciertas exigencias:




1. Elegir la película en función de los objetivos formativos que pretendemos alcanzar No se debe jamás improvisar y proyectar una película, por buena que sea, que acaba de caer en nuestras manos. Todo debe estar minuciosamente pensado y programado.
En la elección de la película hay que tener muy en cuenta las características del grupo concreto con el que vamos a trabajar: edad, formación, circunstancias especiales...
El guión cinematográfico no sólo debe responder al objetivo marcado en la programación de la tutoría, sino que es imprescindible que el tema afecte a los intereses vitales de los alumnos, para que empaticen (del griego sympathein, ‘tener los mismos sentimientos que’, ‘padecer con’) con los personajes y se identifiquen con el conflicto humano que allí aparece. De este modo podrán ponerlo en relación consigo mismos, es decir, sabrán extraer una lección para su propia vida.
2. Dar “claves de comprensión”. Antes de ver la película, hay que proporcionarles las orientaciones necesarias para que sean capaces de llevar a cabo una lectura profunda de la historia que van a analizar. Esas “claves de interpretación” no se deben dar como una lección que se explica, sino que hay que propiciar que ellos mismos las descubran en su propia experiencia.
Por ejemplo, si nuestro objetivo es que los alumnos se esfuercen en establecer relaciones humanas generosas y respetuosas, podríamos elegir películas como Shrek, La edad de hielo, Spider–man, Harry Potter y la piedra filosofal, Mi gran boda griega... Previamente, hemos de trabajar con los alumnos los modos y niveles de realidad
Se establece un diálogo con el grupo para que ellos mismos lleguen a descubrir las cuestiones siguientes:
- El modo de realidad, por ejemplo, de una silla: es un “objeto” útil, práctico, cómodo... y cuando pierde dichas cualidades, es desechado. Este tipo de realidades y la actitud de dominio del hombre respecto a las mismas constituye el nivel 1 de realidad y de conducta, nivel elemental, el propio de lo útil, lo manejable y poseíble.
- El modo de realidad de una persona: en un cierto sentido, la persona tiene una dimensión de “objeto”, pero es mucho más, es un “ámbito de realidad”, es el nudo de confluencia de otros tantos ámbitos (familia, amigos, religiosidad, estudios, deportes, aficiones...). Tiene capacidad de iniciativa: la llamo y le ofrezco mi amistad y me responde, la necesito y acude... Podemos crear una relación de encuentro. La persona es un “ámbito” y, por tanto, se mueve en un nivel de realidad valioso (nivel 2), que es el nivel del encuentro y la creatividad.
- Si “ambitalizamos” las realidades (es decir, si les otorgamos el respeto debido y las elevamos de nivel), somos creativos y enriquecemos nuestra vida, porque nuestro entorno adquiere más valor para nosotros.
- Si “ambitalizamos” las realidades (es decir, si les otorgamos el respeto debido y las elevamos de nivel), somos creativos y enriquecemos nuestra vida, porque nuestro entorno adquiere más valor para nosotros.
- Si tratamos los “ámbitos” como si fueran “objetos”, practicamos el reduccionismo, que es de una gran crueldad (por ejemplo, tratar a una persona –que es un ámbito muy valioso– como si fuera un mero objeto, propio del nivel 1), y con ello, nos empobrecemos nosotros mismos.
Con estos datos, los alumnos ya están en condiciones de profundizar en el tema de la película que hemos elegido para trabajar con ellos.
3. Trabajo en grupos con un cuestionario. El profesor prepara previamente las preguntas para discutir en los grupos y en el diálogo general. De este modo evitamos caer en las meras impresiones, pues de lo que se trata no es de interpretar el argumento de la historia sino su contenido humano, y analizarlo en conexión con las situaciones, preocupaciones, inquietudes e intereses de los alumnos.
Antes de ver la película, el profesor les da las preguntas sobre las que trabajarán después en los grupos. Así, les ayudamos a centrar la atención en el tema de la historia.
4. Diálogo general. A partir de la experiencia concreta de la película, se reflexiona sobre el ser del hombre y el sentido de la vida. Posteriormente se aplica dicho análisis a la propia realidad de los alumnos, a las leyes que rigen su desarrollo personal.
El profesor actúa como discreto moderador. Anima el diálogo en un clima de sinceridad, libertad y confianza para expresar las propias opiniones, así como de interés y esfuerzo por avanzar entre todos y conseguir el carácter acumulativo que debe tener una buena discusión.
Ha de evitar las preguntas que, aunque piden una opinión, no orientan hacia una discusión reflexiva. Por ejemplo, si se pregunta a un niño qué piensa del hecho de que Pinocho, en la deliciosa película de Walt Disney, escucha las voces de sus tentadores y deja de ir a la escuela, sin duda su respuesta será sencilla y superficial, y dejará poco espacio para la discusión. Muchos compañeros estarán de acuerdo con él y otros opinarán algo distinto, pero lo más probable es que se queden en lo meramente anecdótico.
La primera pregunta debe ya orientar su mente hacia la reflexión (“¿Por qué Pinocho escucha a Juan y Gedeón?”). El alumno da una respuesta, y sobre ella iniciamos un comentario, a fin de elevarnos progresivamente a un análisis cada vez más preciso de la cuestión investigada. De este modo, conseguimos que el grupo logre descubrir el fondo del tema que analizamos: es fácil caer en el engaño de un manipulador porque halaga nuestros instintos, sacia nuestras apetencias y no habla jamás a nuestra inteligencia.
Los alumnos ya han descubierto cómo actúa un manipulador. El diálogo continúa, ahora para descubrir las distintas formas de manipulación que sufren ellos mismos, y aprender, de este modo, a estar alerta, ser celosos de su libertad y no dejarse manejar.
La idea básica de la metodología consiste en que el tutor no inculca los conocimientos a los alumnos, sino que son ellos mismos quienes los descubren a partir de la reflexión y al análisis de las experiencias humanas contenidas en las películas.
5. Evaluación de la actividad. No es tarea fácil, como sabemos, evaluar un área cuyos objetivos son principalmente de carácter formativo. No obstante, el profesor debe hacer un seguimiento del progreso de cada alumno, del grupo en general y de las actividades mismas que se van realizando.
El gran escritor francés del siglo XIX Víctor Hugo nos hizo esta grave advertencia: “No olviden esto: No existen malas hierbas ni malos hombres; únicamente hay malos cultivadores”. Los niños de hoy son los hombres del tercer milenio, en un mundo en constante y rapidísima transformación, que casi escapa a nuestra capacidad de predicción. La única solución es formarlos bien. Éste es el reto; ésta es nuestra responsabilidad.

AhºRª................El ciNe......


Educar en la actualidad
La realidad actual es que los educadores –en al ámbito de la familia y en el de la escuela– se enfrentan a graves dificultades para llevar a cabo su misión, a causa de la terrible presión de un ambiente marcado por el relativismo –con su ausencia de valores trascendentales y criterios éticos–, la permisividad consiguiente y un consumismo feroz, que es el paradigma de la carrera enloquecida del hombre de hoy en busca de una felicidad huidiza que se ofrece seductoramente a cada instante pero jamás se deja alcanzar.
A menudo, padres y profesores se sienten inermes ante los cambios tan profundos y rápidos que sufre la sociedad, que parecen haber dejado vacías de sentido las coordenadas sobre las que se asentaban los ejes de una vida ética, y se dejan hundir en el desánimo porque consideran inútil su esfuerzo. Sin embargo es posible –y urgente– recuperar el espacio de dichas coordenadas mediante una formación humanística sólida e ilusionante. Sobre la base de esa rigurosa fundamentación se pueden afrontar con éxito los grandes temas que deben estar ineludiblemente presentes en un proyecto de desarrollo personal, como son el sentido de la vida, la relación con la trascendencia, la solidaridad entre todos los hombres, la vinculación con el entorno, el valor del amor y la familia, la prevención de adicciones, la auténtica libertad...
El cine puede ser un instrumento de primer orden para esta función educativa si es utilizado con un método pedagógico adecuado.


El cine, instrumento educativo
Un guión cinematográfico presenta un argumento, el desarrollo de una acción. Pero la acción, en sí misma, no existe, sino que hay unos hombres que actúan, protagonizan unos hechos. Ahora bien, el comportamiento del ser humano, aunque a veces parezca inexplicable, no es accidental, sino que está regido por una lógica interna, tan implacable que la única forma de imponerse a ella es el cambio radical de actitud. Si una persona vive replegada sobre sí misma, dedicada a buscar las satisfacciones inmediatas, por muy enamorada que esté, jamás llegará a crear un amor auténtico y se condena a vivir en soledad interior, salvo si cambia de raíz su egoísmo por una actitud de generosidad y se esfuerza por elevarse al nivel del encuentro personal.
Bajo la sucesión de hechos que constituyen el argumento de una película, una mirada penetrante descubre una experiencia de vida con su lógica interna, es decir, el tema. Debemos enseñar a los niños a descubrir la fuerza interior que rige el desarrollo de la acción, para que aprendan a conocer las consecuencias inexorables de adoptar ciertas actitudes. De lo contrario, si no les ayudamos a profundizar en el contenido humano del relato, la película queda reducida, en el mejor de los casos, a mero pasatiempo. No es raro que una película, en apariencia trivial, exenta de escenas fuertes, pueda ocultar mucha capacidad de manipulación o influencia nociva bajo la serena capa de su inofensivo argumento. Uno de los grandes éxitos de los últimos tiempos, El Señor de los Anillos, en su tercera entrega, El Retorno del Rey, termina con el triunfo del Bien sobre el Mal, y nos presenta un mundo idílico, en el que reina la paz y la justicia y los buenos alcanzan la felicidad eterna. Pero, como un trasunto de lo que se nos ofrece hoy, es un mundo sin Dios. En lugar de mirar al Dios providente que lo ha creado por amor, el hombre se contempla a sí mismo de forma ególatra y se ofrece una pseudorreligión de diseño para satisfacer sus ansias de eternidad y acallar el deseo natural de trascendencia que la persona lleva en el fondo del corazón.
Es erróneo suponer que el espectador recibe pasivamente la película, por el hecho de que no capta explícitamente los rasgos como el que acabamos de comentar, porque el mensaje le llega aunque él no se percate de ello. No tenemos más que prestar atención a nuestras propias reacciones ante la pantalla: nos alegramos, reímos, sentimos temor, angustia, pena hasta llorar... El espectador entra en intensa relación con los conflictos de la pantalla porque, de alguna manera, se identifica con ellos, se adentra en la historia y forma parte personalmente de ella, en lo más recóndito de sus propios gustos, anhelos, deseos y temores. En este sentido, el buen cine nos permite realizar una experiencia humana profunda que en la vida real tal vez nos costaría años.
Enseñar a un niño a interpretar la historia que se desarrolla en la película es enseñarle a interpretar la vida, a conocer hondamente al ser humano y, con ello, le hacemos capaz de prever las consecuencias de sus propias actitudes y decisiones.


En el ámbito de la escuela
En un Centro de Enseñanza Media, el profesor tutor es el responsable directo del seguimiento y la formación integral –relación con los padres y el resto de los profesores, resultados académicos, actitudes y valores, proyecto de vida...– del grupo de alumnos a él encomendado. Pero cada día resulta más difícil y descorazonadora la labor tutorial por cuanto los adolescentes viven envueltos en un ambiente social marcado por el hedonismo y el consumismo, la mediocridad o la zafiedad en la mayor parte de los medios de comunicación social, y ciertas leyes de educación que han desterrado, en la práctica, el valor del esfuerzo y la disciplina... A lo que hay que añadir, a menudo, padres excesivamente permisivos, que llegan, a veces, a entorpecer la labor formativa del colegio. Desde la infancia, han acostumbrado a los niños ver satisfechos sus más pequeños deseos antes de formularlos. En consecuencia, los niños han adquirido el hábito de atender de inmediato a las llamadas de sus pulsiones y sus caprichos, sin referirlos a valores superiores (beben o “se colocan” sin tener en cuenta las terribles consecuencias, exigen mil cosas sin considerar el esfuerzo de sus padres por conseguirlas...). Nada les interesa realmente porque lo tienen todo. Muchos niños disponen, en su propia habitación, de todos los “lujos” para su exclusivo uso privado: ordenador personal, cadena de música, televisión... Así no dependen de nadie ni han de compartir con los otros miembros de la familia. Les han dado un mundo tan fácil, tan cómodo y placentero que sólo aspiran a “tener” cuanto más mejor y disfrutar “a tope”. Es decir, les han acostumbrado a moverse exclusivamente en el nivel de lo fácil, lo inmediato y agradable. En estas circunstancias, mantener el nivel docente y disciplinar en la escuela y formar éticamente a los niños se presenta como una labor casi imposible.
Muchos profesores están desanimados ante esta situación, porque se sienten agotados, desautorizados, infravalorados y hasta maltratados. Pero no podemos dejarnos llevar del desaliento porque la misión del educador es de una grandeza inigualable. Colaborar en la formación integral de los jóvenes es una labor de la más alta dignidad.
El joven de hoy es extremadamente celoso de su libertad y no consiente que los adultos pretendan influir sobre sus ideas y actitudes. Defiende vivamente su opinión, cualquiera que sea –a menudo, incluso, sin haberla reflexionado a fondo–, como algo propio muy razonable y valioso que el adulto pretende arrebatarle debido a prejuicios éticos que él considera obsoletos y afortunadamente superados. De ahí el grave error que supone discutirle frontalmente sus ideas, opiniones o actitudes. Entonces, se pone a la defensiva, dispuesto a mantener su postura, no tanto porque tenga razones que la justifiquen cuanto porque es “suya”, y se siente agredido él mismo al pensar que se está atacando su propia libertad.
El cine es un recurso excelente para ayudar al tutor a ejercer su noble función de “guía”, porque, a través del análisis de experiencias contenidas en obras cinematográficas, el joven consigue una visión lúcida de los aspectos esenciales de su vida: descubre las temibles consecuencias de adoptar ciertas actitudes, en qué consiste la verdadera libertad, cómo llenar su vida de sentido... No es el educador quien le da una lección de vida, sino que es el mismo joven quien la descubre.